lunes, 9 de julio de 2007

Temor, temblor, repetición y Cayo enfermo

Justo a tiempo para hacer mi ensayo sobre el hombre ético y el religioso para mi curso de Kierkegaard (que con suerte colgaré aquí mismo al final de la semana), me llegaron un par de libros que compré por Amazon hace un par de semanas. Entre ellos el que se ha convertido probablemente en mi libro de filosofía favorito: "Temor y temblor". He aquí un fragmento para romper cabezas:

"Faith is precisely the paradox that the single individual as the single individual is higher than the universal, is justified before it, not as inferior to it but as superior-yet in such a way, please note, that it is the single individual who, after being subordinate as the single individual to the universal, now by means of the universal becomes the single individual who as the single individual is superior, that the single individual as the single individual stands in an absolute relation to the absolute. This position cannot be mediated, for all mediation takes place only by virtue of the universal; it is and remains for all eternity a paradox, impervious to thought."

La tesis de mi ensayo, resumida en pocas palabras, es basicamente probar como en ese pequeño fragmento, entre otros pero esencialmente en ese, surge el existencialismo en el pensamiento de Kierkegaard.

El otro libro se llama "Estadios en el camino de la vida", y cuenta, entre una de sus tres partes, con una nueva versión del famoso "Banquete" de Platón, llamada "In vino veritas", que según dicen, aguanta las comparaciones con el original.

En otros hechos, Cayo estuvo enfermo la semana pasada, y en chamánica consecuencia, le colgamos un limón del cuello. Hubiera sido injusto no documentar semejante acción para la posteridad.

2 comentarios:

Fernando dijo...

Respecto a la discusión del sábado: tenías razón. Encontré por ahí una cita del Diario de Kierkegaard en la que decía algo así: si él hubiese tenido fe, se habría quedado con Regina Olsen. Renunciar a ella es sólo el primer movimiento, la "resignación infinita", falta el movimiento de la recuperación de lo finito en virtud de la creencia en lo absurdo. En fin, la terquedad era innecesaria...

Martín dijo...

ei, si te pudieras pasar la cita exacta sería genial.