martes, 4 de septiembre de 2007

Corta... corta... ¡¡¡corta!!!

En un parque cerca de mi casa, donde siempre llevo a mi perro Cayo a pasear, he encontrado un perfecto ejemplo de lo que significa lo religioso para Kierkegaard. Sobre el tema, he escrito un ensayo, pero resumiré... resumiré... no se preocupen. Básicamente, el estadio religioso se da cuando un individuo entra en relación directa con lo divino, de tal forma que lo ético (entendido como lo general, válido para todos) se "suspende", y se vuelve relativo.

Sin embargo, esta relación con lo divino es privada, de tal forma que el individuo en su relación con lo divino es incapaz de comunicar su acción, hacerla inteligible a sus semejantes, por lo que muchas veces puede parecer incomprendido, desadaptado, asquerosamente enajenado.

Volviendo al ejemplo, he tomado estas fotografías documentando la situación:




Aquí se puede ver como, claramente, lo ético, común para todos, se expresa en el cartel, mientras que algún viejito o viejita, en su relación directa con la Virgen María, ha llegado a la realización de que no importa matar a unas flores, ni que se vea feo, él/ella
tiene que cortarla igual, ofrecerla en mórbido sacrificio, igual que Abraham con su hijo.

"Corta... corta... ¡corta!", le susurra la Virgen a sus envejecidos oídos.