martes, 29 de abril de 2008

De la falsa y pública acusasión a este joven bloguero de maltrato infantil

Hoy estaba en la combi, sentado al fondo, pegado a la ventana derecha, con los dos asientos del costado libres, cuando se sube una niña de aproximadamente ocho años con síndrome de down, seguida por su madre. Como es usual en nuestro país, el chofer arrancó antes que los recién subidos tuviesen la oportunidad de sentarse, pero, por suerte, la arrancada no fue tan brusca. No obstante, fue lo suficientemente brusca como para que, su incondicional servidor (o sea yo), recibiera a la pequeña que se dirigía hacia mi asiento, y como la arrancada no fue muy brusca, y tras dirigirle una sonrisa amable (no es floro, ah), la dejé para que se sentara sola.

A todo esto, me encontraba escuchando música con audífonos, así que cuando noto que la madre que ahora se estaba sentando a mi costado, me dirige la palabra, primero asumí que eran cordiales palabras de agradeciemiento, pero luego escucho "¿cómo se atreve a empujar a una niña?" y veo su cara de indignación.

Ahora, ¿qué llevó a la madre a tener una alucinación de semejante calibre? Nunca lo sabremos. Si me hubiese dicho que "¿cómo no la ayudé?", que incluso era falso, sin embargo, podría ser entendible. Pero me acusó de empujarla, y lo siento, señora loca, pero sencillamente no hay forma. Todavía no ha llegado el día en que me dedique a empujar niños (sin contar a mis primitos, claro), y menos aún si tienen alguna discapacidad.

Mi reacción, que luego me sorprendió un poco, fue de indignación total. La combi estaba medio llena, por lo que me saqué los audífonos, y le dije con la voz bastante elevada para que todos me escuchasen (y así limpiar mi mancillado honor): "¿cómo se atreve a acusarme de algo así? ¿cómo voy a empujar a su hija? ¡es más, la he ayudado a que no se caiga!". La madre, necia, dijo un par de cosas más, resaltó el hecho de que la niña era discapacitada, pero cuando me puse los audífonos de nuevo y me voltié, se quedó callada, a lo mejor habiendo notado su error, pero sin disculparse.

La gente, indiferente, no se pronunció, y aunque hubiese sido normal, no voltearon de reojo a mirar al monstruo horrible agresor absurdo de pequeños inocentes. ¿Un día más en nuestra gran ciudad? Tal vez. No lo sé, en realidad. Ya, ¿y la moraleja? Creo que no hay, ¿o sí?

2 comentarios:

Matías y Danila dijo...

No sólo en tu país los choferes arrancan sin que la gente haya terminado de subir, prácticamente. Varias veces he quedado colgando de un colectivo puteando al chofer por haber arrancado sin tener en cuenta que estaba subiendo.

En Buenos Aires cada vez hay más problemas con el transporte público. Los choferes están histéricos, la situación del país es muy delicada en muchos sentidos y en la calle se nota mucho la bronca de la gente. Todos los días hay un nuevo accidente, en fin.

Por ello toda la secuencia me suena muy familiar. En los colectivos se pueden apreciar muchas situaciones trastocadas. En especial con los discapacitados. Mi novio tiene una discapacidad motriz bastante avanzada, por lo que ya el vivir no le resulta muy sencillo, ¡imaginate viajar en estos transportes demoníacos! Siempre hay una (mala) anécdota nueva.

La última vez que me peleé con alguien en un colectivo, terminé con un pico de stress que arruinó mi salud por muchos meses (no que fuera ese episodio el cupable, más bien fue un detonador, claro).

Pero te entiendo, estas situaciones con gente terca dan mucha impotencia.

Saludos!

Danila.

Hola, soy el Buen Amigo dijo...

Grande Zimmerman !!! . Otro artículo cojonudo y real . Simplemente contundente. Propongo seriamente oir Positively 4th Street durante o después del mismo para disfrutar aún mas el hermoso efecto de la verdad . El cual , dicho sea de paso , sigue siendo igual de poderoso así nosotros no hayamos estado junto a tí en tan crucial acontecimiento del día de hoy. Este ultimo posteo tuyo me demuestra con mas fuerza que nunca que a veces las palabras SÍ bastan y sobran para expresar la intensidad de un suceso pasado , desde la distancia y a través de la aparente frialdad del teclado de una computadora. Has logrado pues emocionarme con tan firme narración .

Lamentablemente en la gran urbe y en todos sus mini-escenarios no ocurre lo mismo con la buena intención . Ni en un aula universitaria ni en una combi . O como bien diría Bruce Springsteen en aquella memorable canción del mismo nombre : " It's hard to be a saint in the city ".

Estamos contigo , empuja-chibolas . Guarda energías para mañana , que desde las ocho de la noche el Perú menos algunos estará juntando almas para con el transcurrir de los minutos alistar el grito y gozar así de un nuevo y merecido triunfo del mejor de los equipos , EL ÍNTIMO EQUIPO DEL PUEBLO .