jueves, 24 de abril de 2008

Manifiesto kantista - Parte I

Hay un fantasma que recorre este blog... el fantasma de Kant, o mejor dicho, de mi kantismo. Soy kantiano. Parte de serlo, obviamente, hace que no lo sea dogmáticamente. Hay cosas que todavía no entiendo del todo, otras que no me convencen, y creo que autores posteriores como Kierkegaard, Nietzsche (sí, ¡Nietzsche!) y Sartre complementan en mucho su pensamiento. Pero sin embargo, siempre que vuelvo a los textos de Kant, no puedo evitar asentir con la cabeza, y de hacer lo contrario cuando leo críticas (como la última de ese sofista contemporáneo que responde al nombre de Alasdair MacIntyre), por lo que a pesar de todo, es que me manifiesto como tal.

Hoy día acudí a la presentación del nuevo libro de filosofía de la PUCP, ¿Por qué leer filosofía hoy?, y fue mencionado el artículo sobre Kant, de François Vallaeys, como una defensa ante las malas lecturas que se dan del filósofo de Königsberg en la actualidad. Ahora, si hay algo que creo, es justamente eso. Cuando hablo de Kant con muchos de mis compañeros o amigos, siento que estuviésemos hablando de filósofos distintos, por lo que no pude evitar sentirme intrigado ante la descripción de susodicho artículo.

Horas después, me dirigí a la biblioteca a sacar el libro (ni loco lo compro porque está 50 le), y a regocijarme leyendo el artículo de mi interés. Sin embargo, el primer párrafo fue suficiente para sacudirme, no como argumentación sobre la filosofía de Kant en sí, sino como descripción de lo que considero es la situación actual de mi universidad. Por eso, y ante tan buena puesta en escena (por algo François Vallaeys también hace teatro), decidí compartir ese primer párrafo con ustedes, amigos lectores, para ver si se persuaden a sacar el artículo y darle una revisada (y eso va especialmente para todos los que han llevado curso con Levy en Letras). Sin más, pongo el preámbulo a continuación:

Parodiando el mismo título de una obra de Kant, el presente ensayo parte de una molestia sobre el lugar común: es posible que Kant tenga razón en teoría, pero en la práctica, ¡no funciona! Una larga y repetida interrogación como profesor de filosofía dictando en el Perú el pensamiento de Kant desde hace más de una década es: ¿por qué razón Kant, a pesar de todo el respeto que se le prodiga oficialmente, es al mismo tiempo, oficiosamente, tan poco comprendido y apreciado?, ¿por qué motivo circulan sobre él tantos prejuicios y lugares comunes, que se repiten hasta el cansancio en los pasillos de las facultades de filosofía y que condenan desde el inicio los pusilánimes intentos de leerlo por parte de estudiantes?, ¿por qué tantos repiten que es un "filósofo formalista", "rigorista", "universalista abstracto", "dualista", sin ser por eso discípulos de Hegel, ni haber leído una sola línea de su Filosofía del derecho? Es como si las críticas posteriores, transformadas en lugar común, se adelantaran siempre a la lectura previa del filósofo de Königsberg, mermando sistemáticamente los alcances de su estudio y la posibilidad de fecundar los debates contemporáneos con sus tesis.

No queremos aquí dedicarnos a un trabajo de sociología de las mentalidades universitarias latinoamericanas para responder esta pregunta. Pero queremos, como pedagogos, haciéndole honor al bicentenario de la muerte de un filósofo cuyo pensamiento necesitamos todavía con urgencia -en un mundo que sigue dominado por el fanatismo metafísico de los dogmáticos y el pretendido "indiferentismo" de los relativistas, las dos actitudes oscurantistas de la razón que Kant había pretendido desterrar con su Crítica de la razón pura-, proponer a los aficionados de filosofía unas cuantas reflexiones y herramientas para facilitar su orientación en la filosofía práctica kantiana y derrumbar, en la medida de lo posible, los prejuicios que dificultan todavía tanto su lectura. Quizá, ayudando a reconocer el malestar que provoca siempre la lectura de Kant, ayudaremos también a superar el malentendido.

Ahora, me gustaría decir muchas cosas más sobre Kant, y es lo que haré, pero no hoy, sino en el futuro próximo, habiendo leído ya también todo el artículo de Vallaeys, y unas cosillas más que estoy cocinando.


2 comentarios:

Matías y Danila dijo...

Ja, justo ahora estoy leyendo a MacIntyre, "tras la virtud", como bibliografía para la materia ética, claro. De todas maneras no leo todo el libro, no dispongo de tiempo, sólo los capítulos seleccionados, así que no puedo opinar.

Y en cuanto a Kant debo decir que es un vicio, simplemente no puedo parar de leerlo y de leer a quienes escribieron sobre él. Allende el hecho de que me estoy especializando como medievalista, la mayoría de los libros que compro por mi cuenta tienen un patrón: Kant.

En fin, mejor no escribo más porque estoy medio borracha.

Saludos.

Danila.

Zimmerman dijo...

hey, la verdad es que tampoco he leído más que un par de capítulos de "tras la virtud" (relacionados a kant y a kierkegaard), sin emabrgo, me aprece que cada quien puede opinar de lo que sea, por ejemplo, yo opino que hegel es la peor bazofia que ha existido, y nunca he leído una página entera de alguna de sus obras.

:P

en todo caso, me parece que su argumentación era por momentos tendenciosa,hy tenía una lectura muy floja de la ética kantiana.

además, siempre me gusta exagerar.

y es verdad que leer kant o sobre kant no es sólo entretenido, sino también edificante.

saludos!